<"DOCTYPE html PUBLIC "-//W3C//DTD XHTML 1.0 Strict//EN" "http://www.w3.org/TR/xhtml1/DTD/xhtml1-strict.dtd"> Sin Imprenta: MUSO AUSENTE Por Langley

5/19/2004

MUSO AUSENTE Por Langley

Y ella se sentó frente una hoja de papel en blanco, esperaba a su muso, a ese amor alado, una sonrisa inspiradora o alguna otra lágrima dispuesta a hacer bungee jumping desde su cara. Pero nada, las horas pasaban, y las letras no le hablaban decidían callarse justo en el único momento en que era vital para ella buscarlas y encontrarles nuevas combinaciones y significados.

Las metáforas se rehusaban a llegar, estaban todas ocupadas haciendo a un joven ignorante entender las ideas de Neruda y no había ninguna disponible por el momento. Todo estaba dicho, todo estaba ocupado y el muso no llegaba. A veces le parecía oír su voz a lo lejos burlándose de ella y de su incapacidad, rodeada de su risa sarcástica espero para volverlo a intentar.

Esta vez invocó a los dioses del Olimpo por alguna respuesta divina. Se metió a los confines oscuros de los vampiros, pero la sangre le perturbaba los sentidos y no podía graficar su significado mediante simples palabras sueltas.

Sola, en una casa enorme pero vacía, con la única luz celeste resplandeciendo sobre su rostro, frente a un teclado muerto, callado, frente a su impotencia literaria, un cuento dicho de mil maneras pero una historia tan falsa para cualquiera que no merecía ser contada, y mucho menos por alguien como ella.

La fantasía se calló la boca, los narradores ya tenían trabajo fijo en otros cuentos, nadie aceptó ayudarla y el muso no llegaba, no había nada que la salvase de una noche desinspirada. Una mariposa azul vuela bajo y la sorprende, baila en el aire examina a la rara niña y después se va. A ella le deja un vacio raro, ese segundo de belleza no alcanzaría para más de un puerco párrafo a doble espacio.

Definitivamente estaba perdida, ni el Chapulín por ser Chapulín podría defenderla de su bloqueo, de su auto tortura, de su falta de muso. Una pared cobra color, luego la siguiente y así hasta llenar completa la habitación de tonos azules, amarillos y verdes. Él está aquí es tan obvio. El motor de ilusiones coloridas, asesino de monotonías, al amor alado que había esperado toda la noche.

–Ya ves, has escrito sin mí. La hoja está llena.
- No, siempre estuviste aquí, solo que ninguno de los dos se dio cuenta.

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